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ABM noviembre 2025

Nº 361 Noviembre 2025

ABM noviembre 2025

Nº 361 Noviembre 2025

Maria del Carmen Piñero

Maltrato psicológico: el abuso invisible que debemos comprender para erradicar.

El maltrato psicológico es una forma silenciosa de abuso que afecta a muchas personas en distintos ámbitos de su vida: en el hogar, en el entorno social y, con frecuencia, en el ámbito laboral. A diferencia de otras formas de violencia, no deja huellas físicas visibles, lo que dificulta tanto su detección como su denuncia.

 

Yo misma viví esta experiencia durante mi juventud en un contexto laboral, y no tengo dudas de que influyó en mi forma de pensar. Durante mucho tiempo no supe cómo nombrarlo, cómo enfrentarlo o siquiera cómo entenderlo.

Pero, con el paso del tiempo y la reflexión, comprendí que este tipo de maltrato necesitaba ser abordado desde una perspectiva más profunda e integral.

No se trata solo de proteger a las víctimas —aunque es urgente y necesario—, sino también de entender qué lleva a los agresores a actuar de esa manera.

 

En mi caso, no guardo rencor hacia esas personas. Las perdoné, y con ello también descubrí que, de algún modo, ellas también eran víctimas: de sus propias carencias emocionales, de traumas no resueltos o de entornos que normalizaban el abuso de poder. Esto, por supuesto, no justifica sus actos. Pero, si realmente queremos erradicar el maltrato psicológico, no podemos quedarnos en la superficie del problema. Necesitamos mirar hacia la raíz.

 

Una sociedad que se limite únicamente a atender a las víctimas, sin cuestionar y transformar los factores que generan y perpetúan la violencia, solo logrará paliativos temporales.

Las personas que han sufrido maltrato necesitan apoyo, recursos y herramientas que les permitan recuperar su autoestima y aprender a identificar los signos de abuso en el futuro.

Sin embargo, esto es solo una parte del trabajo.

 

También es imprescindible intervenir con quienes ejercen el maltrato. Apostar por su tratamiento, su reeducación y su posible reinserción social no es un acto de indulgencia, sino una estrategia necesaria si queremos romper el ciclo de la violencia. Necesitamos comprender las dinámicas de poder, los modelos culturales que perpetúan desigualdades, el machismo, la falta de educación emocional y tantos otros factores que alimentan la crueldad cotidiana.

 

Erradicar la violencia, en cualquiera de sus formas, debe ser una meta colectiva. Romper con estas cadenas invisibles de abuso exige una mirada profunda.

 

 

Solo mediante un enfoque científico, humanista e integral podremos aspirar a construir una sociedad más justa y pacífica.

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