Estamos en carnaval, la época del año más colorida, alegre y festiva y que justo precede a la sobria Cuaresma. Pero hasta que lleguen las restricciones, podemos disfrutar de los placeres culinarios típicos de estas fechas.
Colocar el huevo en un cuenco junto con la leche y el aceite de oliva. Batir bien con unas varillas. Incorporar el azúcar, la harina, la levadura química y la pizca de sal, y volver a batir con energía hasta obtener una masa homogénea. Tiene que tener la consistencia de una papilla no demasiado espesa y sin grumos.
Llevar una olla pequeña o cazo alto con abundante aceite de oliva y poner al fuego. Cuando el aceite esté bien caliente, echar cucharadas de masa para formar los buñuelos, mejor trabajando en tandas, sin llenarlo demasiado. Dejar freír por cada lado hasta que estén dorados al gusto, vigilando bien pues se hacen muy rápido. Retirar las buñuelos a medida que estén listos con ayuda de una espumadera o utensilio similar.
Dejar sobre papel absorbente de cocina para que pierdan el exceso de aceite. Continuar con el resto de la masa. Rebozar en azúcar los buñuelos cuando estén terminados, al gusto.