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ABM Junio 2025

Nº 356 Junio 2025

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Nº 356 Junio 2025
Entrevista

Álvaro Bilbao

Neuropsicólogo y formador en disciplina positiva.

  1. ¿Qué te motivó a especializarte en neurología y como esa decisión ha influido en tu enfoque educativo y terapéutico?

 

 

Me especialicé en psicología clínica pero cuando empecé a trabajar con niños y adolescentes vi que me faltaban algunas herramientas, la psicología clínica tiene menos objetividad y en el año 98 estaba desarrollándose con mucho impulso en Estados Unidos la neuropsicología clínica. En ese momento yo estaba haciendo la rotación de psicología clínica en un hospital que tenía un departamento muy bueno de neuropsicología, hice la rotación y al año siguiente tuve la suerte de que me cogieran en un doctorado de neurología clínica en el mejor hospital del mundo el The Johns Hopkins. Así que decidí aprovechar la oportunidad, de alguna manera, siendo un psicólogo joven veía que había más certezas y más objetividad en el ámbito de la neuropsicología.

 

 

  1. En tu opinión ¿Qué diferencias fundamentales existen entre la educación tradicional y la que promueves desde la neurociencia y la disciplina positiva?

 

 

Hay muchas diferencias entre la educación tradicional y la educación en positivo. La primera de ellas tiene que ver con que la educación tradicional se basa en pocas herramientas es una educación más primitiva y principalmente funcionamos a base de gritos, amenazas, castigos. Los padres que están dentro de esa educación tradicional, pero un poco más sofisticados, incorporan también los premios.

Pero en la educación en positivo tenemos muchas más herramientas, la conexión, nos fijamos más en los límites que en los castigos, nos fijamos mucho también en la comunicación positiva, tenemos herramientas prácticas para poner normas, para poder comunicarnos con nuestros hijos.

Y todo eso crea consecuencias naturales, consecuencias lógicas, también utilizamos refuerzos que no es lo mismo que premios y todo eso hace que se una educación un poquito más compleja, pero es mucho más rica y nos permite crear una conexión más importante con nuestros hijos.

Otra diferencia importante es que en la educación tradicional el punto de vista es del adulto y en la educación en positivo tenemos el punto de vista el adulto y el niño, validando las necesidades de ambos.

 

 

  1. ¿Cuáles son las claves para fomentar la autoestima saludable en los niños desde una edad temprana?

 

 

Siempre que trabajo con niños y adultos les pregunto dos cosas, ¿como vas de autoestima? y ¿como vas de asertividad? la capacidad de decir a los demás lo que quieres o lo que no quieres de una forma clara y respetuosa.

La autoestima tiene que ver con esa capacidad de querernos a nosotros mismos, de sentirnos importantes, de sentirnos valiosos y aceptados y eso tiene que ver mucho con lo que hacen tanto los padres como los profesores. Estar en colegios donde todos los niños tengan espacio, no haya bullying, donde prestamos mucha atención a las emociones de cada uno de los niños en clase.

Y es muy importante desde casa ayudarles desde el primer momento de nacimiento dándoles cariño, amor, calidez que es muy importante para el desarrollo de la seguridad, pero también dándoles libertad. Para mí la autoestima es una combinación de seguridad y confianza.

La seguridad se da cuando protegemos a los niños, les damos cariño, amor. Y la confianza es cuando les dejamos libres para que se equivoquen para que prueben y desarrollen competencias que les hagan sentir capaces de resolver problemas por sí mismos.

 

 

  1. ¿Que le motivo a escribir el cerebro del niño explicado a los padres y cuál ha asido la respuesta más significativa que ha recibido de los lectores?

 

 

Es muy curioso, yo tenía en aquel entonces un alumno de prácticas que se llamaba Alfonso y vinieron unos padres que nos explicaban que a su hijo no le ponían normas, ni límites, porque quería que su hijo creciera libremente. El niño tenía unos problemas de comportamiento muy importantes con 6-7 años de edad. No respetaba las normas del cole, era rechazado por otros niños…

Mi alumno Alfonso me dijo: vaya padres, como pueden pensar estas cosas y yo le dije que cada vez hay más padres que piensan que los límites y las normas no son importantes. Y él me respondió. Con una frase que hizo que esa misma noche me pusiera a escribir el libro, él dijo “eso es peligroso” y era cierto.

Yo lo veía desde hacía mucho tiempo y no estaba nada de acuerdo. Padres que abrazan un estilo de educación que antiguamente se llamaba crianza respetuosa, crianza con apego y que está basado en entender al niño, que está muy bien, pero no poner en valor la importancia de los límites, de las normas y de las necesidades afectivas de los padres, que son los que ayudan a los niños a desarrollar empatía.

Por entonces ya había escrito un par de libros y muchos colegas me habían dicho “tienes que escribir un libro con el trabajo que haces con los niños, y como educas a tus hijos” En el libro conté algunas de las experiencias que he vivido y un poco mi forma de educar a que se ha enriquecido con la forma de ser de educar de mi mujer. Yo soy más intelectual y ella es mucho más espontánea.

 

 

  1. En ¡Hola Familia!, explora la importancia de la conexión emocional entre padres e hijos. ¿Que consejo o estrategia considera clave para mejorar esa comunicación emocional en el día a día y evitar malentendidos?

 

 

Yo cuando escribía ¡Hola Familia! quería que los padres tuvieran una serie de claves visuales sencillas muy claras que les permitieran educar a sus hijos o conectar con ellos. Para mi algo muy importante, la clave siempre es ponerse en el lugar del niño, incluso cuando estoy en casa y me enfado, porque igual los niños no me están haciendo caso o porque alguno de ellos sea más rebelde.

Casi siempre la solución es pararme un segundo y decir,” Álvaro a ver piensa un poco” ¿porque Diego esta así? o ¿porque Lucia esta últimamente más movida, faltando el respeto o levantándose más de la mesa? Y casi siempre encuentro una respuesta. Es lo que hago en la consulta, los padres me traen un problema e intento explorar con los padres y con el niño que puede haber detrás.

El problema o el comportamiento del niño siempre es el síntoma y lo que tenemos que hacer es imaginarnos que puede estar pasando al niño para que este llamando la atención, para que esté más desafiante o lo que sea. El mejor consejo que puedo dar a los padres es ponerse en su lugar, a medida que los niños se hacen más mayores 3,4 o 5 años hablar mucho con ellos. Uno de los principales objetivos de mi trabajo, de mis libros, cursos y consultas es ayudarles a comunicarse mejor con sus hijos.

 

 

  1. Cuando un niño tiene rabieta pública y el adulto ya está emocionalmente desbordado, ¿Cuál es la mejor técnica inmediata para recuperar el control sin castigar?

 

 

Cuando un niño tiene una rabieta lo más importante es entender que el niño no tiene mucho control sobre la rabieta y que nosotros tampoco. Hay veces que tenemos que entender que la educación no es controlarlo todo, si no, simplemente dejar que las cosas sucedan y dar tiempo a los niños.

Entonces la mejor estrategia en este caso es ser conscientes de cuál es la razón por el que el niño está teniendo la rabieta, que seguramente es porque no tiene suficientemente desarrolladas las estructuras del cerebro, que le permiten calmarse y en base a eso darle tiempo porque muchas veces queremos solucionar todos los problemas.

La semana pasada estuve con una familia con la que llevo trabajando mucho tiempo que su hijo tiene unas rabietas increíbles y después de darles pautas y pautas y nada funcionaba, les dije traerme un video y claro yo lo que veía en el video es que la madre, cada vez que el niño se ponía a llorar, intentaba empatizar con él, pero no seguía la pauta de dejarle tiempo.

Entonces esto hacia que la rabieta se alargara y no terminara nunca. El niño no tenía solamente a la frustración, si no también en la ansiedad de no saber cómo corresponder a una madre que le estaba pidiendo algo o le está ofreciendo ayuda y el niño no era capaz de relajarse. Hay veces que los niños necesitan tiempo y durante este tiempo un poco presencia del adulto para poder calmar esa emoción.

Los adultos cuando estamos tristes, frustrados, una cosa que nos agobia es que eso no se pase, por eso a veces contenemos las lágrimas, la rabia y no nos damos cuenta que si no soltamos lo que tenemos dentro es difícil que a veces se pase.

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