Nos tomamos tan en serio las mentiras que no nos sabemos ya, a veces.
Y es tan grave que estamos llegando a legitimar estas mentiras. Podría quedarme enla cómoda cotidianeidad de las redes sociales. Amanecemos entre mentiras y nosentregamos al sueño entre más embustes. Hoy, por ejemplo, he intentado reproducirvarios jugos milagrosos que me van a dejar libre de artrosis, de la inflamacióntenebrosa que trae consigo la menopausia, de la flacidez, de la piel de naranja y detodo atisbo de dolor articular. Y eso si me quedo en lo que se ve. Si voy a lo realmenteimportante, mi bienestar emocional, mi paz interior, no me quedo atrás si digo que nome han llegado menos veinte mantras contra el estrés, contra la presión social (esa ala que me empujaban antes las mismas redes), contra el desamor, contra el miedo a lavejez, contra el desarraigo, contra la soledad, contra el desconsuelo, contra lafragilidad (bendita) y contra el miedo.
Tan cerca la felicidad, ya ves. A golpe de reproducciones en bucle.
Pero no voy a quedarme aquí. Voy a la mentira salvaje, déspota, tirana. La mentiralegitimada por un sistema legal feudal que se atreve a mover bajo severa sanciónhasta nuestros atisbos de sonrisa o una lágrima incipiente o el gesto adusto dealgunos amaneceres pegajosos. Eso es lo que se ha llamado “Crédito social” en China. ¿En qué consiste?
“Cruzar un paso de peatones en rojo, el impago de deudas o no respetar las señales de tráfico puedellevar a un ciudadano chino a perder puntos del sistema de crédito social chino; por el contrario, seguir lasnormas, trae beneficios como poder ser admitido en un hospital público con mayor facilidad o ventajas para solicitar un crédito. El sistema de crédito social chino es el reflejo de la necesidad deaprobación de la sociedad china. Bajo este sistema prácticamente cada mirada, acción y elección delciudadano chino es registrada y evaluada. El sistema de crédito social que se conoce en la actualidad sepresentó de forma oficial en 2014. A día de hoy este sistema está presente en industrias financieras,sanitarias y logísticas ”Y me parece pavoroso, atroz. Apocalíptico. Sonreír vacío, hueco, yermo, estéril. Saludar cordialmente para que no te prohíban entrar a un centro de salud. Sonreír hasta la extenuación para poder pedir un crédito al banco. Temo a la furia que pueda subyacer a toda esa pobre gente que ríe como la peor de las películas de terror, en lapeor de las distopías. Dime una verdad. No importa si no eres perfect@, no importa si tienes un día de esosde mercurio y tu gesto es hosco, no importa si no has sido ejemplar; no importa, deverdad que no. No somos héroes. Somos personas. Somos human@s.
Y esa es la verdadera grandeza. Yo quiero los semáforos preñados de emociones dedistintos colores, y quiero las voces en los autobuses y en los metros en todos susmatices posibles y quiero las manos todas: las crispadas, las relajadas, las tensas, lasdoloridas, las cansadas, las recién estrenadas. Quiero las bocas cóncavas y lasconvexas, las que carcajean y las que lloran mudas. Los ojos, todos, los quiero: losque chispean de alegría y los sanguinolentos de miedo o daño o rabia. Quiero, los piescansados y los ligeros. Quiero gente, te quiero a ti, enter@: feliz y caído. Pletóric@ odevastad@, en ese instante feliz, o en ese otro doloroso.
Personas. LIBRES.