- Con ocho años ya escribías y editabas tus propios libros. ¿Sigues haciéndotepreguntas con la misma curiosidad de aquel niño que empezaba a inventar mundos?
-La curiosidad sigue intacta, pero ahora las preguntas son más afiladas. Lo dala experiencia y el poco conocimiento que vamos atesorando mientrasmaduramos. Antes, mirando a las estrellas, me preguntaba si estamos solos enel Universo; ahora, con lo que sabemos de astrobiología, mi pregunta se centraen cuál es el origen de la vida que siembra todo el Universo –al menos, nuestraGalaxia--, y qué mecanismos usa para saltar de mundo en mundo.
- Con apenas doce años comenzaste a trabajar en la radio en Teruel. ¿Qué recuerdas deaquella primera experiencia y cómo marcó tu vocación de comunicador y escritor?
-Fue un momento entrañable. En mi casa escuchábamos mucho la radio y,desde pequeño, sentí fascinación por los programas hablados en los que tecontaban cosas curiosas. La radio de los ochenta estaba llena de ellos:espacios dedicados a videojuegos, a viajes, a Historia… y a mí se me ocurrióque también yo podría hacer uno. Jugué a eso con mis amigos, un radiocasetey una cinta magnetofónica, hasta que un día, en una emisora de radio, medieron la oportunidad de hablar ante un micrófono. El desafío no fue aquellaprimera vez, sino las siguientes. Tuve que empezar a preparar misintervenciones, a armar guiones y elegir músicas, y aquello –ahora lo sé—, me enseñó a narrar.
- Has participado en numerosos programas de radio y televisión. ¿Qué te aportó esecontacto directo con la divulgación y cómo influyó en tu manera de narrar historias?
-En aquella década hubo una verdadera eclosión de emisoras de radioindependientes en las que podía hacerse casi todo. Recuerdo los maratones de24 horas de “radio de misterio” que se organizaban en Radio Cornellá, enBarcelona, a los que acudíamos un puñado de chavales apasionados por lodesconocido, o los primeros programas de teles locales, como “Misterisd’Egara” en Tarrasa. Aquella multiplicación de foros, sobre todo en Cataluña,hizo que viajara allí a menudo, que tomara contacto con escritores que mefascinaban –como Antonio Ribera, por ejemplo—, y que aprendiese mucho desus aciertos y errores. Fue una especie de “master”, al que había que añadir los congresos sobre grandes enigmas que proliferaban también por todaspartes, y en los que aprendí a hablar en público.
- ¿En qué momento sentiste que la escritura debía convertirse en tu camino principal ycómo fue ese tránsito desde el periodismo y la comunicación hacia la novela?
-La “culpable” fue una monja de clausura del siglo XVII, sor María de Jesús de Ágreda. Tropecé con su historia en 1991. Yo tenía diecinueve años y mefasciné con los relatos documentales que hablaban de sus bilocaciones aNuevo México, Arizona y Texas, sin que su cuerpo abandonara su clausura enSoria. Lo que ella contó en escritos, cartas y confesiones ante la Inquisición, separecía mucho a relatos modernos de “viajes astrales”, y empecé a urdir unlibro sobre el tema. Sin embargo, no encontré editores interesados en publicaralgo así, hasta que uno me propuso convertir mi investigación en una novela.Así publiqué “La dama azul” siete años después, y así me convertí en escritor.Como no me sentía cómodo en ningún género literario al uso, llamé a mitrabajo “novela de investigación”. Y sigo escribiendo en esa línea.
- Ganaste el Premio Planeta con El fuego invisible. ¿Qué significó para ti esereconocimiento y cómo cambió tu relación con los lectores?
-El Planeta fue como un sello en mi pasaporte que confirmaba que lo que yoescribía era literatura. Y no una literatura cualquiera, sino quizá la más antiguade las literaturas. Aquello de la “novela de investigación” ya lo inventó elanónimo autor de “La epopeya de Gilgamesh” hace cinco mil años, imaginandoel viaje de un rey al más allá, en busca de la inmortalidad. Katherine Neville, la autora de “El Ocho”, me dijo que eso debíamos llamarlo con más precisión“novela de búsqueda”, y desde entonces he cambiado la etiqueta“investigación” por “búsqueda”, porque me parece más homérica. Pero, ¿sabesqué? El Planeta me llegó en un momento en el que mis novelas se publicabanya en más de 40 países y los lectores sabían exactamente el tipo de obra queescribo. Muchos lo vivieron como un premio para ellos, uno que confirmabaque lo que llevaban años leyendo era tan literatura como la que más. Y esaemoción fue fabulosa.
- Tus libros suelen mezclar historia, misterio y arte. ¿Qué hilo conductor une títulos tandistintos como La cena secreta, La dama azul o El fuego invisible?
-Muy fácil: todos parten de una pregunta que no ha encontrado respuesta en elmundo de la razón, en los límites de nuestro conocimiento. En mis novelas,pongo todas las herramientas del narrador –con la imaginación a la cabeza—,para resolver esos interrogantes. Eso es lo que quero que defina mi obra.
- Tu última novela, El maestro del Prado, cierra la historia iniciada en 2014 con El planmaestro. ¿Qué te llevó a retomar esa trama y qué mensaje quisiste dejar en estaconclusión?
-En 2013, cuando publiqué El maestro del Prado, lo hice pensando en que ellibro era una suerte de mensaje en una botella que lanzaba al mar. Pretendíadar con el paradero de un desconocido que, en 1990, me abordó en el Museodel Prado y me enseñó a “leer” en los cuadros. Los años pasaron y nunca llegóuna respuesta a mi llamada, así que decidí recurrir al ingenio para explicarquién creo que fue aquel “maestro”. El resultado es una revelaciónsorprendente, conectada con mitos ancestrales, que estoy seguro impactará aquien lo lea tanto como a mí, cuando me di cuenta de a quién me encontré enEl Prado.
- Has hablado de la importancia de la “segunda mirada” al contemplar una obra de arte.¿Cómo crees que deberíamos acercarnos a un museo para que la visita sea realmentetransformadora?
-La “segunda mirada” fue una de las lecciones más importantes que recibí deaquel maestro. En su lección de “lectura” de arte me enseñó que algunosgenios de la pintura –como Bosco, Botticelli o Durero—, escondieron mensajeso formas en la geometría de los paisajes de sus cuadros. Convenientemente observados, pueden descubrirse detalles anatómicos ocultos en bosques olagos, letras camufladas en figuras, árboles que tienen rostros en suscortezas… y mucho más. Lo importante, es que cada una de esas insercionessutiles esconde una intención clave que reinterpreta la pintura. Eso me fascinó,y por eso El plan maestro es también una suerte de manual para que el lectordesarrolle esa forma de contemplar un cuadro. Esa “segunda mirada”.
- Tus novelas invitan a reflexionar y a cuestionar lo que damos por sentado. ¿Quéesperas que se lleve un lector al cerrar uno de tus libros?
-Si consigo que, después de terminar uno de mis libros, ese lector prepare unviaje a los lugares que le he descrito, o busque alguna de las fuentes a las quehe acudido para levantar mi trama, me daré por satisfecho. Ese lector será yaun cómplice de búsqueda.
- Después de tantos proyectos y reconocimientos, ¿qué nuevas preguntas o temas tegustaría explorar en tus próximas obras?
-Siento una atracción irremediable por aquella primera pregunta que, de niño,me llevó a ser lo que soy: ¿estamos solos? Creo que exploraré ese territorio más pronto que tarde.