
Marzo siempre llega con viento, como si ya pretendiera dejar claro su aire renovador. Lo noto en las cortinas que se agitan, en las hojas que tiemblan mientras comienzan a renacer, en mi pecho, que se ensancha como si algo que permanece dormido, despertara. Marzo no es sólo un mes, es una memoria que camina conmigo.
Soy mujer.
Lo soy en mis cicatrices y en mis sueños. En mis historias vividas y en mis planes de futuro. En la niña que fui, con las rodillas raspadas, la risa libre y las pecas saludadas por el sol. Lo fui en la joven que aprendió a defender su voz si alguna vez alguien osó a bajarle el volumen. Lo soy en la adulta que no se amedentra y que no retrocede.
En marzo me miro al espejo con otros ojos. No para contar las arrugas que la cincuentena me regala, ni para medir el paso del tiempo, sino para reconocer la fuerza que me habita y me ha colonizado. He aprendido a ser hija, madre, hermana, amiga y esposa, también compañera y colega. He sostenido manos que reclamaban mi atención y también he aprendido a soltarlas.
Marzo me recuerda que mi historia no empezó conmigo. Viene de lejos, de mujeres que cosieron esperanzas en silencio, que estudiaron a escondidas, que trabajaron el doble para ganar la mitad, que criaron a sus hijos con la dignidad por bandera, que tejieron la red que hoy nos sostiene. De todas ellas heredé mi terquedad y les rindo homenaje negándome a rendirme.
Este mes me nombro sin miedo. Pisando fuerte. Conociéndome.
Este mes celebro todo lo que no se ve, las batallas internas, las veces que dije “no” y todas aquellas que volví a empezar. Porque ser mujer es la más maravillosa de las aventuras. Porque ser mujer no es ser un molde, es ser un universo y cada una de nosotras lo explora a su manera.
Marzo me atraviesa como un río que no se detiene. Y mientras este viento de marzo sopla, levanto la mirada para comprender orgullosa que no soy una historia aislada, sino parte de una corriente inmensa que sigue avanzando.
Y en esa corriente, mi voz, como la de todas las mujeres, ya no susurra, florece.