
No es la edad: por qué tantas mujeres viven con el cuello y la espalda cargados
Y por qué el estrés, el ritmo de vida y cómo nos cuidamos tienen mucho que ver.
M
uchas mujeres conviven a diario con molestias en el cuello o la espalda baja. Se levantan ya cargadas, pasan el día trabajando, cuidando de otros y llegando a todo… y cuando el cuerpo se queja, lo normalizan: “Será la edad”, “es del trabajo”, “ya se me pasará”.
Pero el dolor rara vez aparece de golpe.
En la mayoría de los casos, el cuerpo va avisando poco a poco. Primero con rigidez, luego con tensión constante, más adelante con dolor que va y viene… hasta que un día ya no se puede más.
En consulta veo a diario el mismo patrón: personas que llevan meses o años sosteniendo estrés, malas posturas, poco descanso, poco movimiento y muy poco tiempo para ellas. El cuerpo no separa lo físico de lo emocional. Lo que no se descarga por un lado, se acumula por otro.
Por eso, cuando trabajo con una persona, no me fijo solo en dónde duele. Mientras trato el cuerpo, hablamos de cómo duerme, cómo respira, cómo gestiona el estrés, cuánto se mueve o cuánto se exige. Porque muchas contracturas no vienen solo de una mala postura, sino de vivir siempre en tensión.
Aguantar no es una virtud. Escuchar al cuerpo a tiempo no es hacerse mayor, es cuidarse mejor.
Cuando entendemos que el dolor es una señal, no un enemigo, podemos empezar a prevenir en lugar de llegar siempre al límite.
Escuchar al cuerpo a tiempo suele evitar problemas mayores después.