
El libro cuenta con mucha ternura y sensibilidad la peripecia de José, un padre que ya ha tenido la experiencia de emigrar a Francia en su juventud, y de su hijo Juan, todavía adolescente, que en el verano de 1958 van a la vendimia francesa, como muchos españoles en plena dictadura, para conseguir unos ingresos que les permitan pasar el duro invierno en su pueblo.
Para Juan es un verdadero viaje iniciático en el que para él todo es nuevo y decisivo para su vida a partir de entonces. Desde que sale de su casa abre los ojos y la inteligencia a todo lo que va a ver y vivir para no perder ni un solo detalle. Tiene unas ansias infinitas por asimilar todo lo que ve y lo que su padre y las circunstancias le van a enseñar. Cuando vuelve a su casa después de la vendimia es otra persona: ha visto otra España, ha visto el mar, ha visto una asombrosa gran ciudad, ha cruzado la frontera, ha visto un país muy diferente al suyo, se ha enamorado dos veces, nada extraño a su edad, ha trabajado ganando un salario más justo, y ha conocido como funciona una democracia. Nunca podrá olvidar lo que ha vivido.
Para José el viaje a la vendimia francesa tiene otro significado. Él ya ha estado allí, ha viajado a los viñedos franceses y ahora lo hace con su hijo y con su nostalgia. Le quiere enseñar todo lo que conoce de primera mano de esa región francesa a través de sus viajes anteriores con el mismo objetivo. Han pasado casi veinte años desde el final de la guerra civil y las condiciones oligárquicas de la dictadura de Franco no han permitido a los pequeños agricultores gozar de una vida digna en sus pueblos. Vuelve contento a su casa porque ha cumplido sus objetivos: mostrarle a su hijo un horizonte nuevo donde ganarse la vida, enseñarle la manera de comportarse en diferentes circunstancias que el joven debe afrontar, y comprueba que su hijo ha cumplido sus expectativas y vuelve a España hecho un hombre.
La novela rezuma la ética de hierro de la buena gente, en el buen sentido de la palabra.
Pascual Hernández Barba. Albatana 1942. Imbuido por el ejemplo de sus padres que emigraron a Francia a finales de los años 1920 del siglo pasado, Pascual siguió el camino marcado por ellos y buscó y encontró empleo en París, donde trabajó en una de las fábricas de Renault entre 1965 y 1970, donde vivió el Mayo del 68 integrado en su sindicato CGT, para trasladarse después a Alemania y trabajar como soldador en Wuppertal en Renania del Norte hasta el año 1974 en el que regresó a sus tierras de Albatana, donde reside desde entonces. Siempre atento a todo lo que sucede en su pueblo, participa activamente en la política municipal. Esta es su primera novela publicada.