
Nunca antes se habló tanto de lo rural como en estos tiempos. La sangrante realidad es su abandono y, a veces, hasta su desprecio. Han dejado que se rompa esa interrelación entre el campo y sus abnegados agricultores que, con el poder de sus manos, realzaron la belleza de un espacio natural poblado por hermosas y abundantes arboledas y el cuidado de verdes bancales.
Rota ha quedado esa sinfonía armoniosa de la naturaleza que rodeaba y envolvía, con todo su esplendor, a los pueblos.
Quien esto escribe (Vicente Martínez 1961) intenta revivir en esta obra, al compás de la palabra y los sentidos, lo que para mí fue el gran tesoro rural que, ahora, se desvanece.
Soy autor de otras dos novelas: Gritando no morir (2011) y La azada (2019). También he publicado varios relatos en la revista literaria Barcarola.