
Hubo un tiempo, no tan lejano, en el que cada familia española que se preciara como tal, con - taba con un recurso inagotable, una especie de Wikipedia con patas, pero sin fuentes: el “cuñao”. Ese ser omnisciente que sabía de todo sin haber estudiado nada, que arreglaba el país entre croqueta y croqueta y que podía explicarte desde geopolítica hasta cómo hacer una paella “de verdad” (aunque su especialidad fuera abrir una lata de mejillones). Pero los tiempos cambian y con ellos las tertulias de bar, las sobremesas sin prisa y, por su - puesto, también los cuñaos. Hoy, en pleno siglo XXI, cuando alguien tiene una duda, ya no otea el horizonte buscando al familiar gurú de la sabiduría, no. Ahora se tira de móvil, se abre una aplicación y se pregunta a una inteligencia artificial. Y ahí, queridos lectores, está el drama. Porque la IA responde rápido, con datos, con matices, incluso con cierto respeto a la realidad. Nada de aquello que solíamos escuchar del tipo “eso es así, que te lo digo yo” (mientras se asomaba la punta del palillo por la comisura del labio) o aquello otro de “eso lo vi en un vídeo que me pasó mi primo”. No. Ahora hay una breve explicación, un contexto y, lo más des - concertante: dudas razonables. Pero, ¿qué clase de autoridad es esa? ¿Dónde quedó la seguridad de afirmar que el cambio climático se arregla plantando dos ficus y dejando de usar pajitas de plástico? Además, el cuñao dominaba una disciplina que la IA jamás podrá replicar, el arte de interrumpir. Ese momento mágico en el que estabas argumentando tu exposición acerca de algún tema y él te cortaba con un “no, no, estás equivocado”, por supuesto sin haber atendido tu discurso. La IA en cambio, te permite terminar tu relato de los hechos. Te escucha, te atiende, te responde con educación. Un verdadero desastre. Sin obviar el tono. El cuñao te taladraba con esa mirada resultado de la mezcla entre condescendencia y superioridad moral que convertía cualquier conversación en una competición que tú ya habías perdido antes de abrir el pico. La IA en cambio, es amable. Demasiado amable. Sospechoso. No obstante, hay voces que creen que el cuñao no se ha extinguido, sino que se ha adapta - do, vamos, que ha evolucionado a la figura del cuñao 2.0. Ahora él también tira de IA, pero sólo para reforzar sus propias teorías. Al final, posiblemente no estemos ante una sustitución pura, sino ante una adaptación al medio. La tecnología avanza, pero el cuñadismo es inmortal.