Cuando paseamos en verano por el Jardín Botánico de Castilla-La Mancha, al caminar junto a la recreación de la laguna de las Tablas de Daimiel, nos llama la atención la profusa floración rosa de una planta espigada y alta, entre juncos y carrizos, habitualmente repleta de abejas solitarias y otros pequeños polinizadores. Hablo de la salicaria o arroyuela (Lythrum salicaria), una herbácea que llega a medir casi 2 m y medio de alto, común en suelos muy húmedos, junto a ríos y lagos, cuyas flores adornan los cauces en pleno verano.
Lo que no podemos imaginar es que las flores de esta planta tienen heterostilia, una característica que el mismísimo Charles Darwin utilizó como ejemplo en una de sus publicaciones: Las distintas formas de las flores en plantas de la misma especie, de 1877, aunque la menciona en escritos suyos mucho anteriores. La heterostilia es una estrategia floral en la que hay diferentes tipos de flores sobre la misma planta, cada una con estilos y estambres a distintas alturas, que solamente dan semilla al cruzar su polen entre sí. En el caso de la salicaria, hay tres tipos de flores con órganos sexuales a diferentes alturas, lo cual se conoce como triestilia. Es un sistema de reproducción aparentemente complejo, pero efectivo para evitar cruces innecesarios. Es como un triángulo amoroso botánico perfectamente sincronizado, donde la colaboración entre flores e insectos asegura el éxito de esta curiosa estrategia natural.
Además de esta sorprendente característica floral, la salicaria tiene también propiedades astringentes que le han valido un variado uso etnomedicinal, sobre todo para cortar diarreas y curar malestares estomacales, así como otros dolores que implican entumecimiento e hinchazón. También es una planta muy interesante para recuperar bordes de arroyos y zonas encharcadas, y funciona como una gran atrayente de polinizadores y otros insectos beneficiosos.
El mundo vegetal nunca deja de sorprendernos y, si prestamos atención, conseguiremos fijarnos en las diferentes longitudes del estilo y los estambres de la salicaria en nuestro próximo paseo por el Botánico.