Me llamo María J. Picazo Morote, nací en Albacete en 1.941.
Hay muchas cosas que me gustaría tener y que lógicamente me dan cierta envidia, pero ninguna tanto como la cultura porque muchas personas de mi generación y sobre todo las mujeres no tuvimos acceso, tanto como nos hubiera gustado.
Cuando le digo a mis hijos que soy semianalfabeta, ellos sonriendo me dicen, eso no es cierto mamá y en el mismo tono yo les contesto: ¿Cómo que no? Si para escribir “bueno” tengo que pensar si se escribe con “b” o con “v”. Y por eso siento una inmensa dicha de que ellos no lo tengan que pensar.
Estas letras, porque no sé si es prepotencia por mi parte llamarías poesías, las escribí hace muchísimos años, concretamente en 1.998, y es que como si entonces yo hubiera tenido la premonición de cómo se iban a desarrollar los acontecimientos en este nuestro mundo.
Porque a pesar del tiempo transcurrido debo decir con infinito pesar, que todo lo que plasmé en el papel en aquel momento está tan de actualidad como si lo hubiese escrito en este mismo instante.
”ESTE MUNDO CADUCADO”
Al atardecer de un día
Y presenciando su ocaso,
me fijé en el firmamento
y en su tenue resplandor.
¡Qué grande lo vi de pronto!
Me causó casi pavor,
con sus millones de estrellas,
de luceros, de galaxias…
Y de pronto pensé yo,
que insignificantes somos,
Bajo este cielo Señor,
existirán otros seres,
vagando por esos mundos.
¿Con qué forma contarán?
¿Cómo será su color y
su forma de pensar?
Y ¿cuáles serán sus metas
y a donde querrán llegar?
Tal vez por estar arriba,
tan cerca de las estrellas,
serán más buenos y honrados,
Ssrán más fieles y humanos.
Tendrán menos egoísmo
y se querrán como hermanos,
Y si de esta forma fuera,
vivir allí yo querría;
por encima del dolor,
de las drogas, del alcohol,
de la mafia, de las muertes,
que son una sinrazón.
Y estas leyes injustas,
de este mundo caducado,
no amparan al infeliz
que lo agravia aquel malvado
y siempre sale ganando,
el rico y el poderoso,
por estar bien encumbrado.
Y a lo largo de la vida,
vas viendo tanto dolor
e infamias desmesuradas,
que te llenan de estupor,
y el corazón se te queda
seco de ilusión.
Y entonces hay en tu mente,
Ides muy peregrinas
y clamas con gran furor,
¡Señor, si estás en los cielos
y ves lo que está pasando,
en que se convierte el mundo,
en páramo desolado!
Como no paras de golpe,
esa máquina infernal,
que va engullendo lo bueno
y dejando la maldad.
Si tienes tanto poder,
cómo no pones un poco
de razón y sensatez
en los que están en la cima,
gobernando los Estados,
porque de seguir así,
qué legado tan funesto,
qué herencia les va a quedar,
a esas generaciones que están
y que arribarán a este mundo,
miserable de egoísmo y de maldad
y como diría el Quijote
y si no ponemos freno,
a este entuerto colosal,
el mundo sin duda alguna,
caro nos lo hará pagar.
Porque estamos arrasando,
todas sus fuentes de vida.
Qué cosa tan paradójica,
si tiras cono tanto ahínco,
piedras sobre tu tejado,
cuando este se derrumba,
te dejará mal parado.
Pero nadie piensa eso,
y no está tan alejado,
pues a la velocidad del rayo,
nos estamos acercando.
Y llegará el día funesto
que éste ya no aguante más
y explote con gran estruendo.
Y vagando por el éter
en trocitos disgregados,
no quedará de este mundo,
ni lo bueno, ni lo malo.
Pero tengo una esperanza,
que alimenta mi ilusión,
tal vez una idea vana,
más me aferro con tesón,
a soñar con la quimera,
que si apoyamos con fuerza,
todos el hombro a la vez,
tal vez podamos salvar,
a este mundo caducado,
de este destino fatal.
María J. Picazo Moronte, 1998