Una boda está llena de pequeños gestos que repetimos casi sin pensar: algo azul, lanzar el ramo, llevar velo, evitar que el novio vea el vestido... Pero muchas de estas costumbres tienen siglos de historia detrás.
• Vestirse de blanco
Es una de las más conocidas. Aunque hoy lo asociamos inmediatamente con las novias, el blanco no siempre fue el color habitual. Con el tiempo se convirtió en símbolo de elegancia, celebración y tradición nupcial.
• Llevar “algo nuevo, algo viejo, algo prestado y algo azul”.
Cada elemento representa una idea distinta: el futuro que empieza, el vínculo con la familia y el pasado, la buena suerte compartida y la fidelidad.
• ¿Y el ramo de novia?
Las flores siempre han tenido un fuerte simbolismo. Antiguamente se utilizaban plantas aromáticas y hierbas a las que se atribuía protección y buena fortuna. Hoy el ramo se ha convertido, sobre todo, en una expresión del estilo de cada novia. Y lanzarlo entre las invitadas solteras llegó después como un divertido augurio sobre quién sería la próxima en casarse.
• Que el novio no vea a la novia antes de la ceremonia.
Lo que actualmente se vive como parte de la emoción y la sorpresa procede de épocas en las que muchos matrimonios eran acordados.
• El intercambio de alianzas
Su forma circular, sin principio ni final, representa la continuidad, la unión y el compromiso de la pareja. Al llevarlas cada día, se convierten además en un pequeño recordatorio visible de la promesa hecha durante la ceremonia. Tradicionalmente se colocan en el dedo anular por la antigua creencia de que desde él partía una vena conectada directamente con el corazón.
Quizá ya no creamos en supersticiones, pero seguimos manteniendo estos pequeños rituales porque hacen que una boda conecte el presente con generaciones anteriores. Y, además, porque toda celebración necesita un poco de historia, emoción y magia.