
Memento mori” es una expresión latina que literalmente se traduce como “recuerda que morirás”. Proviene de la Roma clásica y cuenta la tradición que, durante los desfiles triunfales, un esclavo susurraba esta frase al general victorioso para recordarle, pese al momento de gloria que estaba viviendo, que seguía siendo mortal.
No hay que entenderlo como un mensaje agorero o pesimista, sino como una llamada a la lucidez, a la realidad y, si me apuran, a la humildad. No es una amenaza o un lamento, es una llave que abre el camino correcto. Recordar que la muerte no apaga la vida, la enfoca. Te recuerda que el tiempo no se posee, se disfruta, se malgasta, se invierte, se optimiza, se pierde, lo que tú decidas hacer con él. Todos tenemos fecha de caducidad, como los yogures o los plazos procesales. No somos eternos (afortunadamente).
Por eso entiendo que las mejores personas de las que puedes (y deberías) rodearte son aquellas que te invitan a aterrizar si perciben que empiezas a levitar. Aquellas con personalidades controvertidas, con opiniones fuertes, con espíritu crítico. No hay que adivinar lo que están pensando, no lo maquillan ni edulcoran. No recurren al disimulo cobarde. No tienen miedo a verbalizar sus consideraciones, aunque eso les haga perder el favor de los demás y el tuyo propio. No son bordes, son contundentes.
Creen en lo que dicen, lo valoran, lo contrastan, lo reflexionan y también dicen lo que realmente piensan, sin filtros ni pantallas que distorsionen la realidad. Aléjate de las personas que son amables con todo el mundo y que te dicen “si” sin límites porque, sencillamente, no son de fiar. Además son aburridas.
Marco Aurelio lo dijo de manera muy elegante: “si quiero triunfar, necesito amistades que me critiquen”. Procura tener cerca, muy cerca, a personas que no temen ser controvertidas, siempre serán sinceras. Te aguantarán la mirada, no resultarán esquivas. Huirán de los eufemismos y las palabras huecas. Da prioridad a aquellas personas que no temen cuestionarte, que se atreven a decirte la verdad así, sin anestesia ni paños calientes.
Las voces valientes son, sin duda alguna, las mejores consejeras. Cuida tu círculo de confianza. Sé selectivo, elige la transparencia, la honestidad y, por supuesto, la lealtad. Rechaza el servilismo de las mentes débiles y las personalidades grises.
No soy mucho de tatuajes, pero si un día me aventuro, sin dudarlo elegiría ese lema. De momento lo tatuaré en mi mente.