Este sitio web utiliza Cookies propias y de terceros, para recopilar información con la finalidad de mejorar nuestros servicios y mostrarle publicidad relacionada con sus preferencias. Si continúa navegando, supone la aceptación de la instalación de las mismas. El usuario tiene la posibilidad de configurar su navegador pudiendo, si así lo desea, impedir que sean instaladas en su disco duro, aunque deberá tener en cuenta que dicha acción podrá ocasionar dificultades de navegación de la página web. Las cookies no se utilizan para recoger información de carácter personal. Usted puede permitir su uso o rechazarlo, también puede cambiar su configuración siempre que lo desee. Dispone de más información en nuestra Política de Cookies.

ABM noviembre

Nº 373 Noviembre 2026

ABM noviembre

Nº 373 Noviembre 2026

Lo que la vida NO me quitó

Lydia Carrascosa

Lo que la vida NO me quitó

Tenía quince años cuando mi vida cambió. A esa edad, en la que debería haberme preocupado por crecer, descubrir el mundo y empezar a soñar con mi futuro, tuve que aprender palabras que nunca habría querido conocer. Mi cuerpo dijo basta, llegaron las pruebas médicas, la medicación, los mareos y una incertidumbre que, de repente, parecía acompañarme a todas partes.

 

Hay momentos en los que la vida te obliga a crecer sin preguntarte si estás preparada. Y yo, que todavía era una niña, tuve que aprender a convivir con el miedo mientras intentaba comprender qué estaba pasando conmigo. Hubo días en los que no supe cómo explicar lo que sentía. Días en los que sonreír no significaba estar bien, en los que necesitaba que alguien entendiera que, aunque siguiera adelante, también estaba cansada. Porque a veces una se acostumbra tanto a resistir que se olvida de que también tiene derecho a derrumbarse.

 

Empecé a escribir porque había cosas que no sabía cómo sacar de mí. Puse en palabras mis miedos, mi ansiedad, mis heridas y todo aquello que durante tanto tiempo había llevado por dentro. Escribir se convirtió en una forma de escucharme, de comprenderme y de abrazar, aunque fuera a través de las palabras, a esa niña que tantas veces necesitó que alguien le dijera que no tenía que poder con todo. Así nació Lo que la vida no me quitó. Un libro autobiográfico que no pretende contar una historia perfecta, sino una historia real. La mía.

 

Hoy, cuando miro atrás, hay algo que me emociona especialmente: aquella niña que jugaba a ser profesora ha conseguido cumplir su sueño. Me he graduado y soy profesora. Ahora preparo las oposiciones, intentando construir ese futuro que tantas veces imaginé cuando todavía no sabía todo lo que tendría que atravesar para llegar hasta aquí.

 

Y, sin embargo, mi historia no termina con un sueño cumplido. Todavía me esperan momentos difíciles. Tengo una operación por delante y, aunque me gustaría poder decir que ya nada me asusta, no sería verdad. Hay miedos que siguen ahí, preguntas que no tienen respuesta y días en los que también necesito que me cuiden. Pero cuando pienso en todo lo que viene, intento acordarme de aquella niña pequeña. De la que jugaba a ser profe, de la que tenía sueños antes de saber lo difícil que podía ponerse la vida. Y me prometo que voy a seguir luchando por ella. Que no voy a olvidarme de todo lo que deseaba ser, ni de todo lo que todavía merece vivir.

 

No escribí este libro porque tuviera todas las respuestas. Lo escribí porque sé lo que es necesitar que alguien te recuerde que no estás sola. Y si mis palabras consiguen que una persona se sienta comprendida, que alguien encuentre un poquito de esperanza en medio de su propia oscuridad, entonces habrá merecido la pena abrir mi corazón de esta manera.

 

Porque yo no puedo cambiar lo que aquella niña tuvo que vivir. Pero sí puedo seguir cuidándola, cumplir los sueños que un día tuvo y demostrarle que, a pesar de todo, todavía hay mucho por lo que merece la pena quedarse. Y cuando vuelvan los días difíciles, quiero acordarme de esto: que la niña que fui no llegó hasta aquí para que yo dejara de creer en ella.

 

La vida no me lo puso fácil. Pero todavía no ha terminado de verme luchar.

Contenido que puede interesarte