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ABM enero 2026

Nº 363 Enero 2026

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Nº 363 Enero 2026
entrevista

Santi Flores

Escultor y pregonero de la Feria 2025

Santi Flores

Santi Flores, escultor albaceteño de reconocido prestigio, ha sido designado pregonero de la Feria de Albacete 2025, un honor que le sitúa como figura central de uno de los eventos culturales y festivos más emblemáticos de la región.

Residente y activo en su ciudad natal, Flores ha desarrollado una trayectoria artística sólida centrada en la escultura, con exposiciones en espacios tan diversos como Madrid, Berlín, Roma o Nueva York y obras ubicadas en lugares públicos como el Pasaje de Lodares o el entorno del Campus Universitario de Albacete.

Desde el balcón del Ayuntamiento, su voz ha dado el pistoletazo de salida a la Feria, en un acto que recoge sus vínculos personales con la tradición ferial y su profundo arraigo en la identidad de la ciudad. Además de representar oficialmente a Albacete 

 

Como pregonero de la Feria de Albacete 2025, ¿cómo abordaste la responsabilidad de representar a tu ciudad desde el balcón del Ayuntamiento y qué elementos consideraste esenciales para transmitir en tu discurso?

Lo primero que sentí fue incredulidad; nunca se me pasó por la cabeza que pudiera ser merecedor de un honor tan grande. Pensar que la Feria de Albacete 2025 comienza con ese discurso es algo que, a día de hoy, todavía me resulta increíble.

 

A la hora de preparar el pregón lo tuve claro desde el primer momento: quería verbalizar mis sentimientos hacia la ciudad y hacia la Feria, y explicar cómo todo eso forma parte de mi historia personal y de la de mi familia.

 

Tu obra escultórica es reconocida por sus piezas de gran formato y por su presencia tanto en Albacete como fuera de nuestras fronteras. ¿Cómo ha evolucionado tu lenguaje artístico a lo largo de tu carrera y qué temas o inquietudes actuales te interesa explorar en tus próximos proyectos?

Más allá del propio lenguaje artístico o del resultado final plasmado en una obra, mi verdadera evolución llegó a partir de un cambio mental, casi como un clic. Pasé de sentirme un creador con cierta destreza técnica a liberarme y creer de verdad que podía desarrollar una obra propia, con identidad y discurso.

 

Desde siempre me ha interesado relacionar mi trabajo con las relaciones entre las personas y con la sociedad, un aspecto que sigue estando muy presente.

 

Tu trayectoria artística ha incluido exposiciones en ciudades como Nueva York o Berlín. ¿De qué manera esas experiencias internacionales influyen en tu visión sobre el arte y cómo las integras cuando trabajas o presentas proyectos en tu propia comunidad?

Hoy en día, a través de internet, puedes hacerte una idea bastante certera de cómo se mueve el arte a nivel global, en cuanto a tendencias y discursos. Sin embargo, estar físicamente en otras ciudades, mostrar tu trabajo en contextos de gran relevancia artística y comprobar la aceptación que tiene aporta una experiencia muy distinta.

 

Ese contacto directo genera una energía especial, un plus de confianza, por así decirlo, que sin duda influye en cómo afrontas los siguientes retos creativos. Todo eso lo integro después en mi trabajo y en la manera de presentar los proyectos en mi propia comunidad, con mayor seguridad y una visión más amplia.

 

Albacete cuenta cada vez con más iniciativas culturales y espacios expositivos. ¿Crees que la provincia está viviendo un momento de crecimiento artístico real o todavía existen carencias estructurales que dificultan el desarrollo de los creadores?

Soy bastante crítico en este aspecto y daría para una reflexión mucho más extensa. Sinceramente, creo que la ciudad aún no cuenta con una estrategia cultural y artística sólida y estructurada a largo plazo.

 

Es una lástima, porque pienso que Albacete tiene un potencial enorme y unas posibilidades tremendas para el desarrollo de los creadores, pero todavía existen carencias que dificultan que ese crecimiento sea realmente sostenido.

 

Has colaborado con asociaciones de ámbitos muy diversos —sociales, culturales y solidarios—. ¿Qué te aporta el trabajo con estos colectivos? ¿enriquece tu proceso creativo cuando el arte se pone al servicio de una causa?

Sin duda lo enriquece, pero sobre todo lo transforma. Participar en alguna actividad  con estos colectivos te obliga a mirar con más atención y a relativizar tu propio lugar como creador. Para mí, el arte es importante, pero estas colaboraciones te recuerdan que existen realidades donde el compromiso cotidiano de muchas personas tiene un impacto directo y profundo en la vida de otras. 

 

Estar cerca de esas experiencias hace que el proceso creativo se vuelva más consciente, más honesto y más conectado con el mundo que nos rodea. Cuando el arte se pone al servicio de una causa, adquiere un sentido que va más allá de lo estrictamente artístico.

 

Además de pintor y escultor, también tienes una trayectoria en la música como cantante. ¿Qué te permite expresar la música que no encuentras en otras disciplinas?

Para mí, la música tiene algo único, casi primario. Aunque actualmente disfruto mucho del trabajo en las artes plásticas, la música —especialmente en su versión en directo— me permite expresar una intensidad emocional que no encuentro del mismo modo en otras disciplinas.

El estudio de grabación  nunca me ha resultado tan atractivo; en cambio, el escenario es un auténtico volcán de emociones. La conexión con el público, la respuesta inmediata, esa energía compartida que se genera en el momento, tiene algo irrepetible.

He disfrutado muchísimo de la música y espero poder volver a ella más adelante, cuando se den las condiciones adecuadas.

 

Has hecho también teatro y últimamente has participado una producción audiovisual . ¿Qué te atrajo de este lenguaje artístico?

Lo que me atrajo de este lenguaje artístico es, sencillamente, que también es arte y emoción. Mi paso por el teatro fue muy efímero y completamente amateur, pero lo recuerdo con muchísimo cariño.

Fue una experiencia muy divertida y, al mismo tiempo, me siento orgulloso de haber compartido escenario con compañeras que entonces ya eran muy buenas y que hoy están desarrollando trayectorias muy sólidas.

 

En el ámbito audiovisual, he participado en algunas ocasiones en cortometrajes a los que me han invitado, siempre desde un lugar muy natural y agradecido. Me parece un proceso muy estimulante y lúdico, una forma distinta de expresarse y de formar parte de una creación colectiva, algo que siempre resulta enriquecedor.

 

En tu obra parece haber una búsqueda muy personal de autenticidad. ¿Cómo entiendes el arte como herramienta de expresión y qué papel juega la experiencia vital en la manera en que te enfrentas al lienzo o al volumen?

Así es. Hubo un momento en el que para mí fue imprescindible buscar un lenguaje artístico propio, uno que aglutinara mis gustos, mis referencias y también una parte de mí mismo.

Que ese proceso, además, derivara en una obra reconocible sería algo ideal, pero lo fundamental era sentir que estaba trabajando desde un lugar auténtico.

 

Más allá de la técnica —e incluso del talento, que a veces aparece a edades muy tempranas—, creo que la experiencia vital es clave. Para mí, el recorrido personal de un artista es lo que termina de dar credibilidad a su obra. Lo noto especialmente cuando observo el trabajo de otros creadores: hay temas, emociones o miradas que solo pueden abordarse con verdad después de haberlas vivido. Es como en la literatura; un escritor puede dominar perfectamente la gramática o la prosa, pero si con doce años habla de ciertas experiencias profundas, a mí me cuesta creerlo.

En mi caso, esa experiencia vital es la que guía la manera en que me enfrento tanto al lienzo como al volumen.

 

Vivimos un momento de sobreexposición visual y consumo rápido de imágenes. ¿Qué crees que debe ofrecer hoy un artista desde la escultura para conectar de verdad con el espectador y no quedarse solo en lo estético?

Sí, vivimos un momento complejo y algo desconcertante. La sobreexposición visual, la velocidad del consumo de imágenes, la irrupción de la inteligencia artificial y las propias redes sociales —que nos acostumbran a contenidos de quince o veinte segundos— hacen que cada vez sea más difícil distinguir entre lo real y lo ficticio, o detenerse a mirar de verdad.

Desde la escultura, creo que conectar con el espectador hoy pasa por ir más allá de lo puramente estético y recuperar la experiencia.

 

En mi caso, como trabajo mucho por encargo, la relación con el coleccionista acaba siendo una parte fundamental del proceso. Esa conexión convierte la obra en algo único, cargado de sentido, y cuando finalmente ocupa un espacio en su hogar, no es solo un objeto: es una historia real que puede contarse. Creo que ahí está una de las claves para no quedarse en la superficie.

 

Mirando al futuro, ¿qué retos te marcas como artista y qué consejo darías a las nuevas generaciones que quieren dedicarse profesionalmente a la escultura o al arte en general desde territorios como Albacete?

Mi reto sigue siendo el mismo: mantenerme honesto con mi arte y conmigo mismo, y confiar en que, desde esa coherencia, todo lo demás irá llegando.

 

En cuanto a las nuevas generaciones, no soy muy amigo de dar consejos, pero sí creo que es fundamental preparar la mente tanto como la obra. La creación artística es un camino lleno de altibajos creativos, emocionales y económicos, y solo desde la convicción, la constancia y la pasión por lo que uno hace es posible mantenerse y crecer, incluso desde territorios como Albacete.