
El año pasado hablé de mi viaje personal para reinventarme y este año sigo creciendo. Entonces compartía el vértigo de dejar un trabajo estable para apostar por mi pasión;
“hoy puedo hablar también de consolidación, de pasos firmes y de sueños que empiezan a materializarse.”
Este último año ha sido intenso y profundamente emocionante. Conseguí tener mi propio stand en la feria, un espacio que simbolizaba mucho más que presencia: representaba ocupar mi lugar como empresaria y artesana en mi ciudad, mostrar sin miedo el resultado de tantas horas de trabajo en el obrador.
Además, recibimos un Solete de la Guía Repsol, un reconocimiento que pone en valor la autenticidad y el cariño con el que elaboramos cada hojaldre, cada pasta de té y cada tarta por encargo. Fue un impulso enorme para todo el equipo y una confirmación de que lo artesanal tiene su espacio y su reconocimiento.
También tuvimos el honor de participar con un postre en Abycine y de formar parte de la cena benéfica de Asprona. Dos momentos distintos pero igualmente especiales, que nos recordaron que la repostería también puede formar parte de la cultura y de la solidaridad.
Sigo creyendo en el trabajo hecho a mano, en los ingredientes naturales y en el poder de reinventarse. Si el año pasado hablaba de valentía, este año hablo de crecimiento. Y lo más bonito es saber que este camino aún tiene mucho sabor por descubrir.